Pero más grande es Mi Sevilla F.C.
Que partido se disfrutó anoche en el teatro de los sueños de Nervión.
Partidazo por todo lo alto entre dos grandes equipos, el Sevilla sigue su rumbo exitoso y el Villarreal, a pesar de la derrota, está recuperando su identidad y su buen fútbol.
Empezaba el partido con un huracán vestido de blanco que avasalló y arrasó con todo aquel que osaba enfrentarse a sus violentas ráfagas de viento. En una de ellas Luís Fabiano baja un balón imposible y se inventa un remate que se convierte en el primer gol de la noche.

Control de Luís Fabiano. Via: www.orgullodenervion.com
Poco después Negredo (abnegado con el gol en casa) gozó del 2-0 y lo que podía haber destrozado anímicamente y moralmente al rival, pero una mano de Diego López fue salvadora.
Algo pasó a los 15 minutos de partido, cuando todo estaba tan bien para el conjunto de la capital de Andalucía, el huracán cesó su ímpetu.
Se adueñó de la pelota el Villareal y comenzó a hacer lo que mejor sabe y de lo que no se ha olvidado después de un inicio dubitativo. Empezó a jugar al fútbol y quizás hay que decir que le dejaron y animaron a ello, porque la intensidad del Sevilla bajo en demasía.
Vino a mi mente la segunda parte ante el Strugartt y el miedo empezaba a apoderase de mi cuando un chavalín llamado Pirés, tras una pared espectacular, lograba empatar al huracán de Nervión convertido en brisa matutina.
Comenzaba la segunda parte y parecía que empezaba a levantarse algo de viento, pero llegó el segundo gol del Villarreal, mazazo en toda regla.
El partido cuesta arriba, el rival podía correr a su bunquer sí al antojadizo Dios Eolo le daba por volver a soplar.
Pero amigos, nadie cayó en la cuenta de que todo huracán tiene un ojo.
En el ojo del huracán parece que la calma reina, parece que lo peor ya pasço, parece que la tormenta llegó a su fin, pero nada más lejos de la realidad.
El ojo del huracán solo es una pausa y eso sucedió anoche.
Volvieron las acometidas Sevillistas y no fue un Dios griego el que influyó en el destino, sino dos futbolistas. El primero con nombre de emperador romano, Adriano y el segundo con su estilo, toque y armonía en sus movimientos, Kanoute.
Si, Kanoute ha vuelto.

Kanoute celebra el tercer gol del Sevilla F.C. Via: www.fifa-champions.com
2-2 centro con la diestra del Emperador de las Bandas para remate espectacular de O’fabuloso.
2-3 centro con la diestra del Emperador de las Bandas para remate magnífico de Kanoute.
Impresionante el brasileño, que es “zurdo”.

Adriano. Via: www.telecinco.es
No solo los goles. El balón, el fútbol y la intensidad eran del Huracán de Nervión.
Que partidazo, hacia tiempo que no se vibraba tanto, ni se sufría tanto, ni se volvía para casa con una sonrisa de oreja a oreja. Sonrisa de satisfacción, sonrisa de que seguimos terceros, sonrisa de que vencemos a un gran equipo, sonrisa de remontada, sonrisa de felicidad.
Pero ojo, no me gusta nada que nuestros rivales sepan que todo huracán tiene un ojo.
No podemos permitirnos el lujo de hacer creer al rival que puede hacernos daño, no es el primero que nos pone en aprietos y no por sus propios meritos.
La intensidad y el ritmo deben de durar 90 minutos, aún duran eso los partidos y mientras siga a así, durante ese tiempo, el cuchillo tiene que estar entre los dientes. Apretando bien fuerte las mandíbulas y mirando al rival cual lobo a su presa.
¡Hasta la Muerte!
Bienvenido seas parón ligero